La Seguridad No Son Armas

By LIMPAL Colombia (WILPF), September 10, 2026

Rechazamos el reciente decreto que levanta la suspensión general de los permisos para el porte de armas de fuego en Colombia.

Las organizaciones de mujeres y feministas abajo firmantes rechazamos categóricamente el Decreto 1368 de 2026, mediante el cual el Gobierno Nacional levanta la suspensión general de los permisos para el porte de armas de fuego en Colombia. En la práctica, esto significa que las personas que ya cuentan con un permiso de porte vigente podrán volver a ejercerlo sin solicitar una autorización extraordinaria adicional.

Las armas no protegen: aumentan los riesgos

Colombia ya es un país altamente armado. Aunque no se tienen cifras actualizadas la Corte Constitucional registró para 2017 4.971.000 armas de fuego en manos civiles: 706.210 legales y 4.264.790 ilegales. Ese mismo año, el 72 % de los asesinatos registrados en Colombia se cometieron con armas de fuego.

La frontera entre lo legal y lo ilegal tampoco es absoluta. La Corte ha advertido sobre mercados legales, grises e ilegales y sobre el desvío de armas adquiridas legalmente hacia usuarios no autorizados. Razón por la cual, aumentar la disponibilidad de armas legales sin fortalecer simultáneamente la trazabilidad y el control sobre toda la cadena de producción, importación, comercialización, porte y tenencia incrementa los riesgos que el Estado debería estar previniendo.

Las armas también son instrumentos de violencia contra las mujeres en todas nuestras diversidades y niñas. Las organizaciones de mujeres y feministas hemos documentado que incluso armas de propiedad legal son utilizadas en estas violencias. Según la Defensoría del Pueblo para 2025 más de 600 mujeres fueron asesinadas en Colombia y las armas de fuego fueron uno de los principales instrumentos, lo que se suma a lo evidenciado por la Comisión de la Verdad, sobre la relación entre cultura militar, superioridad masculina, violencia como mecanismo de poder y armas como símbolos de autoridad.

En este contexto, ¿cómo puede el Gobierno anunciar acciones para reducir las violencias contra las mujeres y el feminicidio mientras adopta medidas que faciliten el porte de armas?

Esta contradicción resulta aún más preocupante si se tiene en cuenta que una parte significativa de las violencias contra las mujeres y las niñas ocurre en entornos familiares, donde sus agresores suelen ser parejas, exparejas o personas cercanas. Flexibilizar el acceso a las armas en estos contextos puede incrementar la capacidad letal de sus agresores. La prevención del feminicidio exige reducir factores de riesgo, no ampliar la capacidad letal disponible en la sociedad.

Contradicción con los compromisos internacionales asumidos por Colombia

Esta decisión resulta aún más preocupante porque Colombia asumió en 2024 compromisos internacionales para fortalecer el control de armas al ratificar el Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA). El tratado exige prevenir el desvío de armas y evaluar, entre otros riesgos, su posible utilización para facilitar violencias basadas en género.

También contradice el espíritu del Plan de Acción Nacional de la Resolución 1325 (PAN 1325), construido con participación de mujeres de los territorios, quienes plantearon reducir el gasto en armamento, fortalecer la prevención de las violencias e invertir en educación y desarrollo rural como mecanismo de seguridad.

La expedición del decreto 1358 ocurre, además, el mismo día de la visita del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, a Colombia para abordar asuntos de seguridad y cooperación. No afirmamos una relación causal entre ambos hechos, pero sí advertimos que ocurren en un momento de reforzamiento de una agenda de seguridad centrada en la fuerza, el armamento y la cooperación militar.

Las mujeres no necesitamos una sociedad más armada. Necesitamos un Estado más capaz de proteger

La autorización para que más de 30 mil personas mayores de 25 años sin antecedentes accedan a un arma legal en Colombia representa un grave retroceso en materia de seguridad y convivencia. En un país marcado por la intolerancia y los conflictos comunitarios, esta medida amplía peligrosamente la frontera de decisión del llamado “ciudadano de bien”, que ahora puede definir cuándo usar el arma asignada, debilitando el monopolio legítimo de la fuerza del Estado.

Las discusiones vecinales, riñas familiares o disputas territoriales, corren el riesgo de terminar en tragedias, normalización de justicia por mano propia, incremento de la violencia intrafamiliar y los feminicidios. Más armas en circulación NO es más seguridad: significan más muertes y más impunidad.

La seguridad integral no se construye con la normalización de las armas como respuesta al miedo.

Exigimos

1.    La derogatoria del Decreto 1368 de 2026 y la revisión de la decisión de levantar la suspensión general del porte de armas.

2.    Una política nacional integral de desarme y control de armas, con enfoque  de derechos humanos de las mujeres, interseccional, de género y seguridad humana, en cumplimiento del TCA. No sería mejor colocar el nombre y no la sigla.

2. Sistemas efectivos de registro, trazabilidad, inspección y control que impidan el desvío de armas del mercado legal al ilegal.

3. Incorporar explícitamente el control de armas en las políticas de prevención del feminicidio y las violencias contra las mujeres.

4.  Redireccionar progresivamente recursos de respuestas militarizadas hacia prevención, cuidados, inversión social, justicia y construcción de paz

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