Pandemias, conflictos sociales y conflictos armados: ¿cómo afecta COVID-19 a las poblaciones vulnerables?

(Foto: Fundación Escuelas de Paz)
(Foto: Fundación Escuelas de Paz)

Por Amada Benavides de Pérez, 11 de abril de 2020

Desde Campaña mundial por la educación para la paz

Por la paz, bienvenido
Para los niños, libertad
Para sus madres, la vida
Vivir en tranquilidad

Este es el poema que Juan [1] escribió en el Día Mundial de la Paz, el pasado 21 de septiembre de 2019. Junto con otros jóvenes, participó en nuestro programa. Cantaron canciones y escribieron mensajes alusivos a esta fecha, con la esperanza como pancarta, siendo habitantes de un territorio donde las antiguas FARC tenían su sede y hoy son territorios de paz. Sin embargo, el 4 de abril, nuevos actores en la guerra cegaron la vida de este joven, su padre, un líder sindical campesino, y otro de sus hermanos. Todo esto en medio del toque de queda impuesto por el Gobierno como medida para controlar la pandemia de COVID -19. Este ejemplo en primera persona muestra las múltiples amenazas que ocurren en países con conflictos armados y sociales latentes, como el caso de Colombia.

“Hay quienes para quienes, lamentablemente, 'quedarse en casa' no es una opción. No es una opción para muchas familias, muchas comunidades, debido a la recurrencia de los conflictos armados y la violencia ”, [2] fueron palabras del premio Goldman, Francia Márquez. Para ella y otros líderes, una eventual llegada de los casos de COVID-19 empeora la ansiedad que estas comunidades están experimentando debido a enfrentamientos armados. Según Leyner Palacios, un líder que vive en Chocó, además de COVID-19, deben lidiar con "la pandemia" de no tener "acueductos, medicamentos o personal médico para atendernos".

Las epidemias y las medidas de control para evitar su propagación han afectado de manera diferente los contextos de clase urbana alta y media alta, la gran masa urbana que vive en la economía informal y la Colombia rural profunda. 

(Foto: Fundación Escuelas de Paz)
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Más de 13 millones de personas viven en Colombia en la economía informal, buscando cada día encontrar poco dinero para subsistir. Este grupo incluye personas que dependen de las ventas informales, micro y pequeños empresarios, mujeres con trabajos precarios y grupos históricamente excluidos. No han cumplido con las restricciones impuestas, porque para esta población el dilema es, en sus propias palabras: “morir del virus o pasar hambre”. Entre el 25 y el 31 de marzo hubo al menos 22 movilizaciones diferentes, 54% de las cuales ocurrieron en las capitales y 46% en otros municipios [3]. Solicitaron al Gobierno medidas de apoyo que, si bien se han otorgado, son insuficientes, ya que son medidas que se llevan a cabo desde visiones paternalistas y no son de apoyo ni atienden a reformas integrales. Esta población se ve obligada a romper las restricciones de aislamiento, creando riesgos inminentes para sus vidas y sus comunidades. Unido a eso, en estos momentos la conexión entre la economía informal y la economía ilegal crecerá y aumentará el conflicto social.

En relación con la Colombia rural, como lo nombró Ramón Iriarte, “La otra Colombia es un país en perpetua 'cuarentena'. La gente huye y se esconde porque sabe que aquí se enfrentan amenazas ”. Durante las últimas semanas de marzo hubo signos de dinámica que podrían ocurrir durante esta pandemia: agresiones y asesinatos de líderes sociales, nuevos eventos de desplazamiento forzado y confinamiento, flujo renovado de migrantes y bienes internacionales debido a rastros ilegales, disturbios y protestas en algunos ciudades, aumento de incendios forestales en regiones como el Amazonas y la oposición de algunas poblaciones a la erradicación forzada de cultivos ilícitos. Por otro lado, la migración venezolana, contaba hoy en más de un millón ochocientas mil personas, que viven en condiciones muy precarias, sin acceso a alimentos, vivienda, salud y trabajo decente. Es importante considerar cuáles pueden ser los efectos en el área fronteriza, cerrada como parte de las medidas para responder al virus. Allí, la asistencia humanitaria del gobierno es limitada y gran parte de la respuesta la proporciona la cooperación internacional, que ha notificado la suspensión temporal de sus actividades.

Según la Fundación Ideas para la Paz [4], COVID-19 tendrá un impacto en la dinámica del conflicto armado y en la implementación del acuerdo de paz, pero sus efectos serán diferenciados y no necesariamente negativos. El pronunciamiento del ELN de un alto el fuego unilateral y el nuevo nombramiento del Gobierno de Gerentes de Paz son noticias que traen algo de esperanza.

Finalmente, el aislamiento también implica un aumento de la violencia intrafamiliar, especialmente contra las mujeres y las niñas. La convivencia en espacios pequeños aumenta los niveles de conflicto y agresión contra los más débiles. Esto puede ser evidente en muchos entornos, pero tiene un mayor impacto en las zonas de conflicto armado.

(Foto: Fundación Escuelas de Paz)
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Entonces, la pregunta es: ¿cuáles son las acciones que deben abordarse en estos momentos de crisis, tanto a nivel de gobierno, comunidad internacional y sociedad civil?

Una de las consecuencias importantes de la pandemia es la recuperación del sentido público y las obligaciones del Estado con la garantía integral de los derechos humanos y la dignidad humana. Esto incluye la necesidad de regular las condiciones de empleo en una nueva era digital. La pregunta en estos escenarios es, ¿cómo pueden los estados frágiles reanudar la dirección de las políticas públicas, cuando su capacidad es limitada, incluso en situaciones normales?

Pero otorgar un mayor poder y control del Estado también puede dar paso a la adopción de medidas represivas, coercitivas y autoritarias, como lo que ha sucedido en países donde los decretos represivos extremos imponen un toque de queda armado y amenazas de aplicar medidas con el apoyo del Ejército. Subyugar a los cuerpos y controlar a la población desde Biopower fueron premisas que Foucault anticipó en el siglo pasado.

Una alternativa intermedia ha surgido de los gobiernos locales. Desde Nueva York hasta Bogotá y Medellín, han dado respuestas más oportunas y efectivas a la población, en contraste con las respuestas homogéneas y frías tomadas de las entidades nacionales. Fortalecer estas operaciones y las capacidades de los funcionarios y niveles locales es importante, con conexiones respectivas con acciones nacionales y transnacionales. Trabajar localmente para impactar globalmente.

(Foto: Fundación Escuelas de Paz)
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Para la educación para la paz, es una oportunidad para profundizar en cuestiones y valores que han sido banderas de nuestro movimiento: reforzar la ética del cuidado, lo que implica prestar atención a nosotros mismos, a otros seres humanos, a otros seres vivos y al medio ambiente; fortalecer el requisito de protección integral de los derechos; avanzar en el compromiso de eliminar el patriarcado y el militarismo; repensar nuevas formas económicas para reducir el consumo y proteger la naturaleza; Manejar los conflictos de manera no violenta para evitar el aumento del abuso intrafamiliar en tiempos de confinamiento y en todo momento.

Hay muchos desafíos, muchas oportunidades para permitir que Juan y otros jóvenes con quienes trabajamos digan:

Para la vida, el aire
Por el aire, el corazón
Por el corazon amor
Por amor, ilusión.

 

Notas y referencias

[1] Nombre simulado para proteger su identidad.

[2] https: //www.cronicadelquindio.com/noticia-completa-titulo- victimas-del-conflicto-claman-por-cese-de-violencia-ante-pandemia-cronica-del-quindio-nota-138178

[ XNMUX ] http://ideaspaz.org/media/website/FIP_COVID19_web_FINAL_ V3.pdf

[4] http://ideaspaz.org/media/website/FIP_COVID19_web_FINAL_V3.pdf

 

Amada Benavides es una profesora colombiana con título en educación, estudios de posgrado en ciencias sociales y relaciones internacionales. Ha trabajado en todos los niveles de la educación formal, desde la secundaria hasta las facultades de posgrado. Desde 2003, Amada ha sido presidenta de la Fundación Escuelas de la Paz, y desde 2011 se dedica plenamente a promover culturas de paz a través de la educación para la paz en Colombia en contextos formales y no formales. De 2004 a 2011, fue miembro del Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre el Uso de Mercenarios, Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos. Actualmente trabaja en territorios ocupados por las FARC en posconflicto, apoyando a maestros y jóvenes en la implementación de los acuerdos de paz.

 

 

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